Un texto de: Ălvaro RamĂrez | @alv_var
Era un ataque pluscuamperfecto, estudiado al milĂmetro. Como un depredador agazapado saltaba como un resorte cada vez que olĂa sangre. Entonces era imparable y su presa se convertĂa en un muñeco de trapo al que zarandeaba sin piedad hasta dejarlo completamente destrozado.
Thierry Henry aunaba una velocidad de vĂ©rtigo, la armonĂa de sus movimientos y una pegada demoledora en cada internada en el ĂĄrea del rival. Era una mĂĄquina perfecta con una vocaciĂłn innata por el gol. Y eso ArsĂšne Wenger lo sabĂa.
Su progresiĂłn en los gunners fue tan grande y su explosiĂłn tan ensordecedora, que se convirtiĂł en todo un referente del Arsenal. En la piedra angular de aquellos Invencibles. Todo un Ădolo cuya sombra es hoy en dĂa demasiado alargada y planea demasiadas veces sobre el cĂ©sped del Emirates y de otros campos britĂĄnicos.
DeslizĂĄndose por el verde, levantado su mano como homenajeando a alguien en el cielo cada vez que anotaba un gol. Su sonrisa socarrona y esos guantes negros que se enfundaba. Todo un fetiche. Un jugador Ășnico que dejĂł una huella imborrable.
Frente al Emirates se posa de rodillas tallado en metal, celebrando uno de sus goles contra el Tottenham. Cerca de Ă©l andan Herbert Chapman, Tony Adams, Kenneth Friar y Dennis Bergkamp. Toda una galerĂa de leyendas. Si uno se detiene a observar la estatua puede sentir la rabia de aquel gol. Como si estuviera sucediendo. Henry no mira a ningĂșn lado, pero se siente su carisma.
Thierry Henry aunaba una velocidad de vĂ©rtigo, la armonĂa de sus movimientos y una pegada demoledora en cada internada en el ĂĄrea del rival. Era una mĂĄquina perfecta con una vocaciĂłn innata por el gol. Y eso ArsĂšne Wenger lo sabĂa.
Su progresiĂłn en los gunners fue tan grande y su explosiĂłn tan ensordecedora, que se convirtiĂł en todo un referente del Arsenal. En la piedra angular de aquellos Invencibles. Todo un Ădolo cuya sombra es hoy en dĂa demasiado alargada y planea demasiadas veces sobre el cĂ©sped del Emirates y de otros campos britĂĄnicos.
DeslizĂĄndose por el verde, levantado su mano como homenajeando a alguien en el cielo cada vez que anotaba un gol. Su sonrisa socarrona y esos guantes negros que se enfundaba. Todo un fetiche. Un jugador Ășnico que dejĂł una huella imborrable.
Frente al Emirates se posa de rodillas tallado en metal, celebrando uno de sus goles contra el Tottenham. Cerca de Ă©l andan Herbert Chapman, Tony Adams, Kenneth Friar y Dennis Bergkamp. Toda una galerĂa de leyendas. Si uno se detiene a observar la estatua puede sentir la rabia de aquel gol. Como si estuviera sucediendo. Henry no mira a ningĂșn lado, pero se siente su carisma.
De origen antillano, Thierry Henry naciĂł y creciĂł en Les Ulis, un suburbio de ParĂs, y en cuyo club, el CO Les Ulis, TitĂ hizo sus pinitos en el fĂștbol. El Les Ulis fue el primer sitio donde Henry tuvo contacto con el balĂłn al margen de las pachangas callejeras. De ahĂ pasĂł al US Palaiseu y el Viery Chatillon hasta su ingreso en la academia Clairefontaine, donde coincidiĂł con otros muchachos que tambiĂ©n llegarĂan a lo mĂĄs alto del planeta fĂștbol: NicolĂĄs Anelka y William Gallas. A partir de ahĂ, comenzarĂa su ascensiĂłn hasta la Ă©lite.
La oportunidad de oro le llegĂł con el ingreso en las categorĂas inferiores del MĂłnaco. En el banquillo del club monegasco se sentaba un por entonces joven entrenador con aires de profesor que años mĂĄs tarde triunfarĂa y enamorarĂa a la Premier League. ArsĂšne Wenger, estirado y parapetado tras unas gigantescas gafas y chupando de su cigarro, habĂa debutado como entrenador en el Nancy y habĂa conseguido sus primeros tĂtulos como tĂ©cnico en el MĂłnaco: una liga (1988) y una Copa de Francia (1991).
La primera vez que Wenger vio a Henry se enamorĂł de Ă©l. Fue un flechazo inmediato. Por ello el francĂ©s no lo dudo y se subiĂł al juvenil Thierry Henry al primer equipo. Le hizo debutar en un partido de liga fuera de casa contra el Niza el 31 de agosto de 1994. El MĂłnaco terminarĂa perdiendo 2-0. Henry anotĂł su primer gol como profesional en casa el 29 de abril de 1995, en un cĂłmodo partido del MĂłnaco contra el Lens que terminĂł en goleada. AnotarĂa dos goles mĂĄs en la temporada 1994/95, en la que disfrutĂł de ocho partidos.
Henry redactĂł una fenomenal carta de presentaciĂłn en el principado durante cuatro temporadas y media, en las que jugĂł 141 partidos, anotĂł 28 goles y repartiĂł 7 asistencias. Por el camino la Ligue 1 lo habĂa nombrado Mejor Jugador Joven del Año (1996) y Henry saboreĂł las grandes noches europeas. AĂșn con potencial goleador, Wenger prefiriĂł utilizar a TitĂ por la banda, donde el joven francĂ©s tambiĂ©n supo explotar otras tantas cualidades. DestacĂł en innumerables partidos y a tan temprana edad fue uno de los jugadores destacados de un equipo al que Wenger habĂa impuesto su sello y que se habĂa paseado por Europa dejando muy buen sabor de boca. El MĂłnaco llegarĂa a las semifinales de la UEFA en la 1996/97, cayendo contra el Milan, y al año siguiente llegarĂa a las semifinales de la Champions League, con TitĂ como segundo mĂĄximo anotador del torneo (7) por detrĂĄs de Del Piero (10).
Del MĂłnaco, TitĂ partiĂł a la Juventus, en lo que fue un fichaje que, afortunadamente, no durĂł demasiado. Su paso por la Vecchia Signora fue algo para olvidar. Henry aterrizĂł como una autĂ©ntica estrella en ciernes y apenas si destacĂł en el equipo. Tuvo que aclimatarse a un fĂștbol para el que no estaba preparado y que, en muchas ocasiones, aniquilaba todas sus virtudes.
Condenado a retrasar su posiciĂłn y a defender mĂĄs de lo que estaba acostumbrado, el amor por el fĂștbol mĂĄs tĂĄctico convirtiĂł a Henry en un jugador del montĂłn. Hasta que ArsĂšne Wenger cogiĂł el telĂ©fono.
Cuando Wenger llegĂł a Inglaterra mĂĄs de uno se hechĂł las manos a la cabeza. Aquel tipo con gafas gigantes y pinta de maestro de Literatura era un verdadero desconocido. Nadie daba un duro por Ă©l y la prensa se mofaba del espigado francĂ©s. Aquel “ArsĂšne Who?” tan archiconocido. Pero la historia iba a dar un giro inesperado.
Wenger habĂa montado un competitivo MĂłnaco en su etapa en Francia que dio bastante que hablar en sus paseos por Europa. Su llegada a los gunners iba a ser primero una pesadilla de la que muchos querĂan despertar para convertirse en parte de la historia del fĂștbol inglĂ©s y marcar una de la etapas mĂĄs doradas del Arsenal.
Cuando Wenger se acordĂł de Henry, lo hizo a sabiendas. Por el equipo habĂa pasado otro francĂ©s con el que TitĂ ya habĂa coincidido en su mĂĄs reciente juventud, NicolĂĄs Anelka, y ArsĂšne tenĂa claro quien debĂa ser su sustituto. Por entonces, Wenger estaba dando forma a un equipo que lo ganarĂa todo y, para ello, se encargĂł de apuntalar una delantera que harĂa las delicias del aficionado gunner. Henry aterrizaba en Inglaterra para hacer compañĂa a Bergkamp y lo primero que tenĂa que lograr era aclarar su cabeza. DebĂa olvidar cuanto antes su terrible paso por el calcio y volver a ser lo que era. Un depredador con el gol en la cabeza.
AĂșn asĂ, sus inicios parecĂan querer hacer tambalearse el magnĂfico plan de ArsĂšne Wenger. El gol de Thierry no llegaba. Era como si aquel excepcional jugador hubiera perdido toda la magia que anidaba en sus botas. Era imposible. Su gol debĂa llegar tarde o temprano. Y asĂ fue.
Henry se estrenĂł como goleador en la Premier con el tanto de la victoria contra el Southampton. A partir de ahĂ, Inglaterra conocerĂa de lo que TitĂ era capaz.
Henry se estrenĂł como goleador en la Premier con el tanto de la victoria contra el Southampton. A partir de ahĂ, Inglaterra conocerĂa de lo que TitĂ era capaz.
En su primera temporada con la roja del Arsenal, Henry anotĂł 26 goles repartidos entre Premier y Europa. La estrella del francĂ©s comenzaba a cambiar. Estaba cerca de hacerse un hueco en la historia gunner y habĂa logrado convertirse en un referente en la selecciĂłn francesa. AimĂ© Jaquet ya se habĂa hecho cargo de Ă©l para el Mundial de Francia de 1998 y volviĂł a coronarse en la Eurocopa del 2000.
A pesar de unas cuantas decepciones tanto en la Premier ( la final perdida de la FA Cup por obra y gracia de Owen) como en Europa (aquella final perdida en los penaltis contra el Galatasaray), Henry estaba dispuesto a dar el todo por el todo.
El mundo descubrirĂa a un Arsenal implacable, el de la temporada 2003/04, que se ganĂł el apodo de “Los Invencibles”. Su hazaña: 49 partidos sin conocer la derrota, algo que Ășnicamente habĂa conseguido el Preston North End en 1889.
La sociedad que conformaron sobre el cĂ©sped Bergkamp y Thierry Henrry hizo la delicias de los aficionados. Junto a ambos, un buen puñado de futbolistas entre los que se encontraban PirĂ©s, Ljungberg, Vieira, Campbell o Cole. El Arsenal anotĂł en aquella mĂtica Premier 73 goles, 30 de los cuales los hizo Henry, que terminĂł como mĂĄximo goleador de la competiciĂłn y ganador de la Bota de Oro, galardĂłn que revalidarĂa a la siguiente campaña.
Pero las imbatibilidades, los dobletes y los continuos Ă©xitos sobre el terreno de juego no llegaron a recompensarle con la ansiada Champions. Aquel dĂa en ParĂs, su penĂșltima temporada con los gunners, Henry llegĂł a rozarla con los dedos.
En el 2006, Henry y el Arsenal se jugaban la final de la Champions en Saint-Dennis frente al FC Barcelona, en el que militaba entonces, entre otros, un tal Ronaldinho. Pero no fue el dĂa. Lehman era expulsado a los 18 minutos de partido y aunque Campbell abrĂa el marcador para los de Wenger, el equipo de Rijkaard remontĂł con los goles de Samuel Eto’o y Belletti. La Champions estuvo cerca. Henry la perdĂa frente al que serĂa su futuro equipo. Un par de meses despuĂ©s, la Francia de Henry caĂa en la final del Mundial contra la Italia de Lippi.
24 millones de euros llevaron a Henry del que ya era el Emirates Stadium al Camp Nou. El Barça, el equipo que le habĂa privado de ganar la Champions, era su siguiente destino. AllĂ Henry volviĂł a levantar un tĂtulo de liga (en el que anotĂł 19 goles) y participĂł en el abultado 2-6 del Barça a su eterno rival.
A pesar de una lesiĂłn en la rodilla que lo mermĂł fĂsicamente, el Barça se hacĂa con la Champions League, concretando un triplete histĂłrico para el que Henry fue una parte muy importante. Pero TitĂ solo tenĂa ojos para la Champions, como señalarĂa mĂĄs tarde Wenger.
A pesar de una lesiĂłn en la rodilla que lo mermĂł fĂsicamente, el Barça se hacĂa con la Champions League, concretando un triplete histĂłrico para el que Henry fue una parte muy importante. Pero TitĂ solo tenĂa ojos para la Champions, como señalarĂa mĂĄs tarde Wenger.
El Barça lograrĂa ganar el sextete y volverĂa a ser campeĂłn de liga en la 2009/10. Pero Henry ya tenĂa el gran tĂtulo que le faltaba en su amplio palmarĂ©s. Junto a Rafa MĂĄrquez abandonĂł el Barça para marcharse a Estados Unidos. La MLS es un buen lugar para el retiro y Henry eligiĂł a los New York Red Bulls.
Con 14 goles en su primera temporada en el equipo norteamericano, el destino tenĂa reservada todavĂa una sorpresa. 50.000 espectadores presenciaron lo que era una realidad. El rey Henry regresaba a casa. Ataviado con la camiseta del Arsenal, Thierry jugarĂa dos meses en el club donde era una verdadera leyenda gracias a un prĂ©stamo de la MLS. PisarĂa el cĂ©sped del Emirates en un partido de la FA Cup contra el Leeds United, marcando el Ășnico tanto del partido.
Terminada su cesiĂłn, Henry regresĂł a Estados Unidos, cuajando otra gran temporada donde anotĂł 15 goles, aunque su equipo no se alzĂł con el tĂtulo. Aunque siempre planeĂł la posibilidad de otro regreso al Arsenal, este ya no se harĂa realidad.
Henry siguiĂł anotando goles y ayudĂł a seguir dando vida a la MLS, liga en la que estuvo cerca de ganar el MVP de la temporada.
Henry siguiĂł anotando goles y ayudĂł a seguir dando vida a la MLS, liga en la que estuvo cerca de ganar el MVP de la temporada.
TitĂ ya habĂa dado un paso al abandonar la selecciĂłn tras el Mundial de SudĂĄfrica. HabĂan quedado atrĂĄs los momentos de gloria (Eurocopa y Mundial) y las polĂ©micas (el gol con la mano que anotĂł a Irlanda en la repesca para el Mundial de 2010). A Henry le quedaba solo un paso mĂĄs.
En diciembre de 2014 Henry anunciaba que abandonarĂa el New York Red Bulls. Pocos dĂas despuĂ©s decĂa adios definitivamente al fĂștbol.
Arrodillado frente al Emirates, celebrando efusivamente un gol al Tottenham, la estatua de Henry parece mirar al aficionado que acude al estadio. Una leyenda inmortalizada. Un hombre con vocaciĂłn para el gol, cuya velocidad vertiginosa y esa armonĂa en sus movimientos extrañarĂĄ el fĂștbol mucho mĂĄs de lo que se piensa.










